Albóndigas de sepia ?

INGREDIENTES:
     Para las albóndigas:
– 1kg de sepia
– 2 huevos
– Pan rallado
– 2 cucharadas de leche
– Sal
– Perejil
– Ajo en polvo
      Para la salsa:
– 1 cebolla grande
– Colorante
– Harina
– Sal
– Caldo de pescado
EMPEZAMOS:
1. Picamos la sepia en una picadora o muy pequeñito a mano.
2. Ponemos en un bol todos los ingredientes de las albóndigas y lo movemos hasta obtener una masa moldeable pero que no se nos pegue a las manos.
3. En una sartén vamos echando bolitas de la masa que hemos preparado ( sin rebozar ni nada) Las doramos por los lados y las sacamos, no queremos que se queden secas.
Reservamos en una cazuela.
4. En esa misma sartén, echamos la cebolla y la pochamos bien.
5. Cuando este bien pochada añadimos el colorante, una cucharada de harina y caldo de pescado poco a poco hasta que nos quede una salsa suelta pero no aguada.
6.Introducimos la salsa en la cazuela que estan las albóndigas, un poquito de agua si hubiese quedado espesa y cocemos 10 minutos.

50 años de la huelga de Bandas (noviembre 1966-mayo 1967)

Se han cumplido 50 años del inicio de la huelga más larga desarrollada durante el franquismo. La huelga de Bandas, como anteriormente la de los mineros de Asturias en 1962, representó un cambio en la percepción del movimiento obrero en la lucha contra la dictadura, se podía luchar, se podía aguantar, la solidaridad daba fuerza y se compartían experiencias que animaban a otras empresas y/o sectores. Después de la derrota de 1939 y la durísimo represión, el movimiento se recomponía y llegó a convertirse en el factor decisivo de la crisis política y social de los últimos años del franquismo.

Para recordar esta conmemoración reproducimos extractos de un folleto publicado en 2011 por la Fundación José Unanue, de las CCOO de Euskadi, escrito por José Antonio Pérez Pérez, con la colaboración de Oscar Arenas Velasco y Estibaliz Montero Mendoza.

La década de los años sesenta del siglo XX constituyó uno de los periodos más intensos y determinantes en la historia reciente del País Vasco. Las profundas transformaciones sociales que tuvieron lugar durante aquellos años marcaron de forma decisiva su evolución posterior.

El origen del conflicto

La huelga de Bandas de Laminación de Echévarri, fue la más larga y enconada que tuvo lugar durante el franquismo. Desde su puesta en funcionamiento, en 1959, los trabajadores de esta empresa gozaron de unos sueldos superiores al resto de plantillas del sector, gracias a la suma de diversos conceptos retributivos y a la participación en los beneficios. Esta política evitó las huelgas durante los primeros años, pero no fueron solamente motivos económicos los que disuadieron a los trabajadores de su participación en las protestas laborales. La juventud de la plantilla, su escasa experiencia conjunta y su heterogénea composición fueron determinantes en esta situación.

Hubo en el origen de este conflicto un hecho que provocó un cambio importante en el comportamiento de los trabajadores. La Sociedad Anónima Basconia se hizo con la mayor parte de las acciones de la empresa y decidió una modificación sustancial de la política salarial aplicada hasta el momento. Como consecuencia de ello comenzaron a producirse, a partir de 1964, los primeros conflictos de una cierta importancia. Las reivindicaciones salariales dieron lugar a una huelga de 15 días, que se saldó con una subida del 16% y la promulgación de una Norma de Obligado Cumplimiento. La empresa aceptó la resolución, pero adoptó otra serie de medidas con el fin de compensar esa subida salarial, como la paulatina eliminación de varios conceptos retributivos, como el devengo graciable, que podía llegar a representar, según el ritmo de la producción, hasta un 70% del salario total. A partir de la aplicación de estas medidas el salario de los trabajadores se situó en los niveles de 1962. La reducción establecida sobre las primas de producción se hizo extensible a la mayor parte de los departamentos, mientras las solicitudes enviadas por los trabajadores a través de los cauces reglamentarios con el fin de corregir aquella decisión fueron sistemáticamente rechazadas por la dirección.

Existieron, además, otros factores que contribuyeron a alimentar el conflicto. Uno de los más importantes fue la aplicación de una determinada concepción de la disciplina empresarial que provocó un fuerte rechazo entre los trabajadores. Tanto la Reglamentación de Trabajo de la Industria Siderúrgica como el Reglamento de Régimen Interior de la empresa recogían los pormenores del régimen disciplinario. Pero entre la rigidez de los textos y su aplicación existía un cierto margen de maniobra. La restrictiva interpretación de ambas ordenanzas por parte de la empresa suscitó un notable malestar en la plantilla que fue creciendo de forma gradual, sobre todo cuando las reducciones salariales comenzaron a aplicarse e incrementaron la tensión.

Por otro lado, el sistema disciplinario establecido como consecuencia de la puesta en práctica de los fundamentos teóricos de la Organización Científica del Trabajo, resultó a la postre tan estricto como la presencia de los vigilantes o la aplicación estricta de los Reglamentos de Régimen Interior. La adopción del sistema Bedaux desde comienzos de los años 60 fortaleció el régimen disciplinario, sometiéndolo al dictado del cronómetro. La imposición de los nuevos sistemas de métodos y tiempos implicó además una recalificación de los puestos de trabajo y el establecimiento de un sistema de primas determinado por diversos coeficientes (producción, calidad, etc.). Su puesta en funcionamiento afectó a la mayor parte de la plantilla. Los profesionales de oficio sufrieron directamente un proceso de descualificación y la pérdida de control directo sobre el trabajo. Por su parte, los trabajadores inmigrantes, escasamente cualificados, pese a sufrir en menor medida dicho proceso, se vieron afectados directamente por unas formas de disciplina totalmente ajenas a su tradición y experiencia.

La presencia de los cronometradores y el nivel de rendimiento exigible para las mediciones de las denominadas Unidades de Productividad (U.P.), añadieron un elemento más de tensión a las relaciones laborales. Estas circunstancias fueron deteriorando las condiciones de trabajo, hicieron que en la plantilla se extendiese un gran malestar y comenzase a producirse un importante cambio en las actitudes de los trabajadores. Todo ello fue alimentando la formación de un conflicto latente en la empresa que no tardaría en estallar.

Las primeras manifestaciones de ese conflicto se expresaron a partir de formas primarias de resistencia que trataron de responder al fuerte ritmo de producción impuesto por la empresa. Mediante el “control” de los elementos más dotados para el trabajo en serie se trató de rebajar el ritmo de la producción que facilitase el cobro de las primas.

Este tipo de acciones no se produjo de una forma totalmente espontánea. El malestar provocado en la empresa y la experiencia del conflicto de 1964, propiciaron el contacto de un incipiente grupo de obreros preocupados por la mejora de las condiciones laborales, que con el tiempo se irá concretando en la formación de una comisión de trabajadores. Alfredo Izquierdo, uno de los más destacados líderes de la Huelga de Bandas, recuerda como se fue organizando aquella primera comisión y la composición de la misma: “La heterogénea composición del equipo -tal y como se denominó posteriormente, aunque en la práctica funcionó como una comisión obrera-, resultó fundamental en la evolución del conflicto laboral”.

Pese a su escasa experiencia, este grupo, al que se fueron incorporando nuevos elementos, desarrolló una importante labor mediante la celebración de reuniones y asambleas, similar a la impulsada por otras comisiones de fábrica de la provincia. La adopción de las primeras acciones colectivas propició también la aparición de los primeros “líderes” obreros en una plantilla carente de referentes históricos. Todo ello contribuyó a estrechar la relación entre los trabajadores y sus representantes en los meses previos a la huelga.

Por último, habría que destacar el contexto social de la propia zona, y más en concreto el área determinada por las localidades de Basauri, Echévarri o Galdácano, donde residía la mayor parte de los trabajadores de la plantilla. Meses atrás otro conflicto huelguístico, producido en este caso en la empresa Firestone, había provocado la aparición de algunos de los elementos que a la postre resultarían determinantes en el desarrollo de la huelga de Bandas: la participación masiva de los trabajadores y sus familias en manifestaciones y asambleas en la plaza de Basauri y la publicación de hojas informativas de carácter periódico. Todas estas circunstancias contribuyeron a crear un caldo de cultivo especialmente propicio para que el conflicto de Bandas fuese adquiriendo una dimensión social que terminó por desbordar, tanto a la empresa como al propio régimen franquista.

5 Entrevista realizada a Alfredo Izquierdo. Fondo de Biografías obreras y militancia sindical de las Comisiones Obreras de Euskadi.

Desarrollo de la huelga.

Los primeros paros en la empresa se produjeron el día 30 de noviembre de 1966, como consecuencia de la reducción de primas a la producción, una decisión que la dirección trató de justificar con argumentaciones estrictamente técnicas. Sin embargo, la paulatina eliminación de las primas en otros departamentos de la empresa puso en cuestión este argumento, tal y como expresaron los propios trabajadores a través de diferentes escritos. Alfredo Izquierdo recuerda como percibió la mayor parte de la plantilla aquella circunstancia: “A la vez nos dice la empresa que les debemos no se cuantos millones porque dicen que ha habido un error en la fórmula del devengo graciable y les debemos ese dinero. Y esa es la chispa. Ya habíamos montado el equipo para entonces”.

La reunión mantenida por la representación social con la Inspección de Trabajo no permitió ningún tipo de acuerdo ante la inhibición de esta última. En medio de este contexto comenzaron a producirse las primeras medidas coactivas de la empresa, que provocaron la radicalización del conflicto. Tras la suspensión de empleo y sueldo de los huelguistas y la negativa de la empresa a entablar negociaciones, el primero de diciembre se procedió a la entrega de cartas de despido a los trabajadores en caso de persistencia en su actitud. El conflicto había estallado y comenzaron las primeras movilizaciones.

Uno de los factores que sirvió para impulsar el conflicto fue la edición y distribución de una serie de comunicados diarios elaborados por los trabajadores en huelga, las hojas informativas. La primera de estas hojas apareció el día 1 de diciembre de 1966. Los trabajadores eran conscientes de la imposibilidad de que su situación y reivindicaciones fueran recogidas en la prensa de la época y por ello pusieron en marcha una estrategia informativa que demostró rápidamente su eficacia. La utilización de un medio de información diario contribuyó al mantenimiento de la huelga y a la extensión de la red de solidaridad que trascendió incluso fuera de la provincia. Esta estrategia resultó determinante para unos trabajadores jóvenes y carentes de experiencia sindical. La búsqueda diaria de las infraestructuras necesarias para la edición de las hojas, debido a su propio carácter clandestino, se convirtió en un factor decisivo que constituyó en si misma un reto para los huelguistas hasta adquirir la categoría de un verdadero símbolo de resistencia.

Un día más tarde de la aparición de la primera hoja informativa se produjo la expulsión de los trabajadores encerrados en la empresa. Cincuenta miembros de la Guardia Civil mandados por un capitán de este cuerpo obligaron a los concentrados a desalojar las instalaciones de la factoría, como se recuerda en Nuestra Huelga, el libro editado por los huelguistas unos meses más tarde, donde se recogen todos los pormenores de aquel conflicto: “El capitán que los mandaba, después de pasar un rato en las oficinas se presentó en el comedor y comunicó que tenía orden gubernativa de desalojar la fábrica. Por nuestra parte le exigimos la presentación de la orden escrita a lo que nos contestó: Yo recibo las órdenes por teléfono. Nuestra respuesta fue clara: “No nos marcharemos sin una orden por escrito”. Entonces comenzó el capítulo de amenazas que culminó a las 11 de la noche en que -después de planear la acción con la dirección y los ingenieros- unos cincuenta guardias armados con metralletas y fusiles nos forzaron a salir amenazándonos con las culatas de sus armas. Primero salimos los del comedor y luego nuestros compañeros de los talleres. Se nos reunió a todos delante de las oficinas rodeados por los guardias; el espectáculo era como para llenar de gozo a nuestros explotadores, que observaban tras las ventanas la marcha de la operación”.

Coincidiendo con el desalojo de la empresa se produjo la ocupación de la sede del Sindicato Vertical en Basauri por parte de las mujeres de los huelguistas. Alrededor de unas doscientas acudieron al llamamiento realizado a través de las primeras hojas informativas con el fin de apoyar las reivindicaciones de los representantes obreros del Jurado de Empresa reunidos en la sede del sindicato. La ocupación de las mujeres se extendió durante más de cuatro horas y generó una situación que desbordó a las autoridades. En este contexto la incorporación de las mujeres al conflicto a través de diversas acciones, incluida la participación en algunas asambleas, contribuyó a reforzar la moral de los huelguistas, al sentirse arropados por sus familias, como recuerda José Antonio Osaba, uno de los líderes más carismáticos de la huelga.

O todos o ninguno

Sin embargo, a pesar de la importancia de estos episodios, e incluso e la intimidación que sufrieron los huelguistas y sus mujeres durante aquellas primeras horas del conflicto, hubo varios factores que impidieron o retrasaron la reacción más dura por parte de las autoridades. Por un lado, estaban las propias circunstancias políticas. En esos momentos el régimen franquista se encontraba enfrascado en plena campaña a favor del referéndum sobre la Ley Orgánica del Estado y una actuación represiva de gran calado hubiera puesto en evidencia aquella operación de carácter propagandístico. Por otro lado, los trabajadores decidieron en asamblea canalizar el conflicto a través de las instancias oficiales y mantener a sus representantes sindicales en los cargos electivos; una estrategia posibilista que buscó, además, proteger a sus interlocutores legales, es decir los enlaces y miembros del jurado, evitando en lo posible las represalias y desligando las reivindicaciones laborales de cualquier otro tipo de cuestiones políticas.

Una empresa difícil, sobre todo en un contexto donde cualquier conflicto laboral era considerado por el régimen franquista como un conflicto de orden público, como afirmaban por entonces las propias autoridades franquistas.

En todo caso, como recuerda José Antonio Osaba, la intención y la estrategia de aquella comisión era bien clara: “… una de las razones del éxito o al menos de que pudiese extenderse durante tanto tiempo la huelga, fue que fuimos muy tácticos. Mantuvimos un nivel bajo. No le dimos a eso un carácter de ir contra la dictadura. Tratamos de que se considerase como un conflicto sindical, de un conflicto de una empresa porque no teníamos más fuerza que la que teníamos”

La resolución de la Delegación de Trabajo en primera instancia reconoció la ilegalidad de la reducción de las primas, pero ello no significó la vuelta a la normalidad. Los trabajadores se negaron a incorporarse a sus puestos en el convencimiento de que la empresa había decidido la expulsión de un grupo de huelguistas. Y no se equivocaban. Las sospechas se confirmaron rápidamente: 34 trabajadores -los que formaban el grupo dirigente-, no fueron readmitidos. La reacción del resto de la plantilla no se hizo esperar. El lema nacido en la asamblea, Todos o ninguno, se erigió en una reivindicación innegociable para los huelguistas durante los siguientes meses.

Sin renunciar a la celebración de reuniones y actos clandestinos, los trabajadores comenzaron a organizar su defensa, dejando la resolución del problema definitivamente en manos de la Magistratura de Trabajo. La sentencia favorable a la empresa reconoció la legalidad de la expulsión de los trabajadores, pero la decisión, lejos de ser aceptada, radicalizó la postura de los huelguistas. A partir de ese momento su labor se centró en la reivindicación de la readmisión de los despedidos bajo el citado lema.

Las protestas contra aquellos despidos generaron un ambiente social de identificación y solidaridad con los huelguistas. Los paros producidos en empresas tan significativas como Euskalduna, La Naval, GEE o los graves problemas surgidos en el Tren de Laminación de Bandas en Caliente de Ansio de AHV, alertaron a las autoridades, que comenzaron a percibir la importancia que podía tener la extensión de un conflicto que crecía por momentos. Pero la solidaridad de los trabajadores de otras empresas no solo se manifestó a través de esta serie de paros, sino también a partir del envío de determinadas cantidades de dinero que fueron distribuidas entre los huelguistas y sus familias para tratar de resistir durante los más de cinco meses que duró el conflicto.

El despido de los representantes sindicales de Bandas, la expulsión del país de uno de los dirigentes de la huelga, José Antonio Osaba, y las manifestaciones que se produjeron en Bilbao, Sestao, Baracaldo y Basauri, hicieron cada día más difícil cualquier posibilidad de acuerdo entre las partes. La estrategia seguida por la empresa mediante el envío de cartas, invitando a parte de la plantilla a la vuelta al trabajo, o los intentos de contratación de trabajadores llegados de fuera de la provincia, lejos de apaciguar los ánimos de los huelguistas, terminaron por soliviantarlos aún más, especialmente contra el director Gondra, a quien responsabilizaron de la situación.

La represión

En los meses siguientes, y ante la imposibilidad para reconducir el rumbo del conflicto, las autoridades de la provincia procedieron a la represión de “cualquier intento de alteración del orden”. Las asambleas públicas celebradas en la plaza de Basauri fueron controladas por las autoridades a través de policías secretas. La negativa del sindicato vertical para disponer de los locales llevó a los huelguistas a utilizar otros lugares de reunión, como la parroquia de aquella localidad y otras cercanas.

Pero nada fue comparable con la operación que desplegó la Guardia Civil el 12 de marzo de 1967. Coincidiendo con la huelga fueron detenidos más de 200 representantes obreros en la Mina del Alemán, en las laderas de los montes de La Arboleda, reunidos para tratar la situación laboral de la zona industrial del Gran Bilbao. La masiva detención provocó una enorme conmoción en el mundo laboral, que culminó con una convocatoria de huelga general por parte de las CCOO, que fue secundada por 23 empresas y una gran manifestación que discurrió por el Arenal de Bilbao unos días más tarde.

Josu Ibarrola, militante comunista, recuerda aquella manifestación. “Yo me acuerdo como fue la manifestación donde participamos muchos talleres y fábricas de la zona. Vamos andando hasta el Arenal. Allí estaban esperándonos. Participamos muchos de los que habíamos salido elegidos como enlaces o jurados en las elecciones sindicales unos meses antes. David, Rufino Sánchez, y (hay un cuarto compañero), y no nos quieren recibir en el sindicato vertical cuando nosotros éramos representantes y teníamos cargos sindicales. (…) Recuerdo como avanzábamos por la Gran Vía de Bilbao y al llegar a la altura de la Diputación nos dimos cuenta de que nos seguían. Agustín (su hermano, el escultor Agustín Ibarrola) y yo nos miramos, nos abrazamos y allí mismo recibimos una lluvia de golpes por parte de la policía. La escena fue tremenda”.

La parte más dura de la represión recayó en los miembros de las Comisiones Obreras de Euskadi, donde la presencia de miembros del PCE y de los grupos católicos era mayoritaria.

Como consecuencia de todo lo anterior un buen número de parroquias prestó su apoyo a la huelga, facilitando, como ya hemos apuntado, sus locales para la celebración de reuniones y ofreciendo sus infraestructuras para la edición de las hojas diarias. La parroquia de Basauri, como la de Otxarkoaga o el convento del Carmelo en Bilbao, fueron durante la huelga algunos de los centros de reunión de los trabajadores de la empresa y de edición de las hojas clandestinas. El apoyo de un importante número de sacerdotes y párrocos a favor de los huelguistas les situó en una postura de abierta oposición frente al régimen franquista. En el mes de abril, cuando la huelga entraba en su último tramo, alrededor de ciento cincuenta sacerdotes se manifestaron por calles de Bilbao y difundieron un duro escrito de protesta dirigido al obispo y a la opinión pública. En el texto se denunciaba la situación de represión que está viviendo la provincia en esos momentos.

La participación de militantes católicos y comunistas junto a otros trabajadores, con o sin filiación concreta, supuso una oportunidad para la puesta en común de experiencias y acciones colectivas concretas. La convivencia diaria bajo una fuerte tensión como la vivida en la huelga, y la asunción de una unidad de acción entre diversos grupos con culturas políticas y sensibilidades sociales diferentes, influyó profundamente a su acercamiento y comunicación.

A partir de las detenciones de la Mina del Alemán la situación se precipitó y los conflictos laborales, pese a no movilizar a una gran masa de trabajadores, afectaron a algunas de las más significativas empresas de la provincia. El clima que se respiraba en Vizcaya los días 13, 14 y 15 de abril desembocó en importantes y repetidos paros laborales y movilizaciones. La proximidad de fechas como el Aberri Eguna o el Primero de Mayo, que habían sido durante los años anteriores escenario de importantes movilizaciones, preocupaba a las autoridades, recelosas de que estas conmemoraciones pudieran ser seguidas por protestas y “graves alteraciones del orden”, al calor del clima generado por los últimos acontecimientos. Ante la gravedad de una situación, que desbordó a las autoridades sindicales y políticas, sólo quedaba un recurso contundente que sería aplicado en numerosas ocasiones durante aquellos años: el Estado de Excepción, decretado el viernes 21 de abril de 1967.

Las mujeres en primera línea

Una de las aportaciones más significativas fue la de las mujeres de los trabajadores de la empresa, que desarrollaron un importante papel como movilizador social, contribuyendo a la socialización del conflicto hacia otros colectivos no directamente inmersos dentro del mismo. Esta participación se hizo notar en las asambleas diarias, siendo determinante en el mantenimiento de la huelga y añadiendo a la misma un factor muy importante que marcó la movilización de los trabajadores. José María Guijarro, uno de los huelguistas, lo explicaba así en una entrevista: “… además, hubo algo muy importante y es que desde el principio la mujer participó como uno más en las asambleas y en todo. Hombre, no fue al 100%, pero te puedo hablar del 80%. En muchos casos y esto hay que decirlo, fueron las mujeres las que llevaron la iniciativa de la actividad. Pues cuando se les increpó a los esquiroles, o cuando se increpaba a algún colectivo o a la Guardia Civil eran las propias mujeres las que tomaban la iniciativa de llevar aquello y ahí si que eran el 90% de mujeres y el 10% de hombres, y en las asambleas eran un 52% de hombres y un 48% de mujeres. Eran mujeres que se iban agrupando después, porque ellas iniciaban la movida.”

José Antonio Pérez Pérez Autor del libro “Nuestra Lucha”, con la colaboración de Oscar Arenas Velasco y Estibaliz Montero Mendoza, sobre la huelga de los trabajadores de laminados Echevarri, publicado en 2011 por la Fundación José Unanue de las CCOO de Euskadi.

Eres un hijo de puta

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No he leído hoy la prensa, pero no me resulta difícil imaginar que aún coleará el asunto de los abusos sexuales cometidos por Juan Kruz Mendizabal (“Kakux” para los amigos), vicario general de la diócesis de Gipuzkoa, contra dos o tres (ya irán saliendo algunos más) menores.
El sábado, cuando conocí la noticia, ya sabía que algo tenía que decir en mi blog. Pero no me decantaba sobre el qué y el cómo.
Algo me pedía abrir una entrada nueva para dejar escrito, sin comentario alguno: “Juan Kruz eres un hijodeputa”.
Otra parte de mí me decía que era más interesante detallar los infiernos por los que esos dos o tres menores (ya irán saliendo algunos más) han tenido que pasar y siguen pasando gracias a que tuvieron la desgracia de aproximarse a un individuo que tenía como misión enseñarles el reino de los cielos.
El domingo, los periódicos locales trataban la noticia. Un reportaje a dos páginas en el Correo para venir a decirnos y a tratar de convencernos de que Kakux era un hombre bueno, que estaba enfermo. ¡Sinvergüenzas! Todos los que abusan de menores son unos enfermos. Los que matan a sus (porque son suyas) mujeres son enfermos. Los que mandan a sus (porque son suyos) soldados a la guerra y la muerte, son enfermos. Hitler y Franco y… fueron unos enfermos. Pobres. ¡Convento para ellos! Y que no puedan salir de él durante tres años si el obispo no da permiso. ¡Sinvergüenzas!
Deia lo trataba de manera bien distinta. No sé qué espacio ocupaba porque lo vi en Internet. Pero, con mucha más coherencia, citando las palabras de uno de los mayores investigadores sobre el tema en España (Pepe Rodríguez), iba de los sufrimientos de los menores al veredicto final: “En la Iglesia hay abusos igual que en otros colectivos. Y no los cometen enfermos ni pedófilos, sino sinvergüenzas. Son adultos normales […] que abusan de los más débiles. Es el perfil más habitual”.
Desde aquí me sumo a todos los que están pidiendo que este tipo de delitos sobre menores no prescriba nunca en el tiempo y a todos los que piden, para este abusador y para otros, cárcel civil.
Por aportar algo, traigo este dato tomado de la web de Garaitza. GARAITZA es una Asociación sin ánimo de lucro, para el tratamiento del Abuso y el Maltrato en la Infancia: El 23% de las niñas y el 15% de los niños en España sufren actualmente algún tipo de abuso sexual.

¿Exagerado el dato? Por lo menos, escalofriante.

NUEVOS CURSOS

Año nuevo , nuevas actividades en el centro Ramón y Cajal. Nuevas clases de baile y de deporte para este año 2017.
Toda la información aquí

Los centros municipales de Bilbao inician el próximo lunes una nueva edición de Expodistrito,

Expodistrito, el ciclo de exposiciones temporales en los Centros Municipales de Distrito de Bilbao, inaugurará el próximo lunes, día 16, su programa para el primer trimestre del año, con cuatro exposiciones pictóricas de Mª Ángeles Ruiz de Gopegui, Jorge Ronda Suberviola, Nistal Mayorga y la Asociación Artística Vizcaína, además de las muestras de fotografía de María Casuso Aguado e Iñaki Marquina.

Según ha informado el Ayuntamiento bilbaíno, hasta el próximo 31 de marzo los bilbaínos podrán ver estas exposiciones de forma rotatoria en los centros de Abando-Barrainkua, San Inazio-Ibarrekolanda, Otxarkoaga, Begoña, San Francisco, Castaños, Errekalde y La Bolsa.

Las primeras exposiciones del programa abrirán sus puertas el próximo lunes. El Centro Municipal de San Francisco acogerá una colección “ecléctica” firmada por diversos integrantes de la Asociación Artística Bilbaína, que se compone de 25 obras de diversos temas, formatos y técnicas, que incluyen acuarela, óleo y acrílico, han explicado desde el Consistorio.

Por su parte, el centro municipal de Begoña abrirá esta edición de Expodistrito con una muestra de la artista Mª Ángeles Ruiz de Gopegui, que “tras una larga trayectoria de pintura al óleo, de la mano de la Agrupación de Acuarelistas Vascos se ha adentrado en esta técnica en la que sigue creando”. El centro de Errekalde mostrará, por su parte, una colección basada en la naturaleza del artista local Jorge Ronda Suberviola.

La sala de exposiciones del centro municipal de Otxarkoaga acogerá una de las muestras de fotografía programadas para esta segunda quincena de enero, de la joven fotoperiodista María Casuso Aguado.

El calendario de exposiciones para este periodo se completará con instantáneas de Iñaki Marquina. En este caso, ha indicado el Ayuntamiento, “quiere rendir un homenaje a esos elementos únicos que nos rodean cada día en la ciudad, con el objetivo de hacer reflexionar al público sobre lo que está a su lado y que no vemos”.

EN FEBRERO

En el mes de febrero se podrá visitar la sexta exposición que compone la programación de Expodistrito y que corre a cargo de la joven pintora bilbaína Nistal Mayorga, que presentará una selección de pinturas que “quieren transmitir sentimientos y emociones a través de una mirada” y en la que “el colorido envolvente es también parte esencial de la obra”.

Las fechas concretas en las que los centros de distrito mostrarán estas exposiciones para todo el trimestre pueden consultarse en los propios centros, en la web municipal (www.kulturabarrutik.eus y www.bilbaokultura.eus) y en el teléfono 010.

Está previsto que Euskotren inicie en febrero las pruebas de las unidades sin viajeros en el nuevo trazado

Una vez finalizados los trabajos de montaje y hormigonado de vía y a falta de la colocación de la superestructura, ya podría circular una dresina a gasoil entre Etxebarri y Matiko y también hasta el Txorierri, a través del nuevo túnel de Artxanda.

El proyecto, que ha contado con 279 millones de euros de presupuesto, financiados a partes iguales por el Gobierno Vasco y la Diputación Foral de Vizcaya, se encuentra con la obra civil prácticamente concluida y los contratos de instalaciones, energía, señalización y comunicaciones en su fase final.

Está previsto que a lo largo de febrero, Euskotren, que será el encargado de operar la línea, pueda dar inicio a las pruebas de las unidades sin viajeros en el nuevo trazado.

Corazón del metro bilbaíno

La estación de Casco Viejo, por la que pasarán alrededor de diez millones de personas al año, se convertirá en el corazón de Metro Bilbao, Por ello, se ha primado que la conexión entre la L-3 y las líneas 1 y 2 de metro sea sencilla, funcional y accesible para todo el mundo. Así, los viajeros de la L-3 podrán acceder a las líneas L-1 y L-2 a través de escaleras mecánicas y ascensores, tras pasar por el amplio vestíbulo de 22 metros de largo, 16 de ancho y 12 de alto desde el que será posible observar el arenal bilbaíno.

En la actualidad se están colocando los pilares que darán forma a este atrio, a la vez que se trabaja en las escaleras fijas de acceso a uno de los andenes, así como en la colocación de las placas del revestimiento definitivo que vestirán la intermodal.

Andoni Gago peleará el 4 de febrero en Bilbao

El bilbaíno Andoni Gago (15-2-2, 5 KO) volverá a subir al ring el 4 de febrero, tras la cancelación de su combate con Sofiane Takoucht por excederse con el peso. “El Macho” se enfrentará al excampeón mundial Lorenzo “Lencho” Parra (32-5-2, 19 KO), que está residiendo en nuestro país por una temporada junto a su hermano Jaider. El venezolano peleó con Juli Giner en la velada celebrada en el Gran Canaria Arena, dejando una lamentable imagen, perdiendo por descalificación.

En el mismo evento, que se celebrará en el Frontón Bizkaia, boxeará el superpluma Ibon Larrinaga (5-0, 1 KO).

Paseo por los elevadores del Botxo

EL CORREO

Todos los ascensores de Bilbao son gratuitos salvo dos, que conducen a excepcionales miradores de la ciudad para observarla desde todos los ángulos
Vivir en un ‘botxo’ es bonito porque ofrece todo tipo de vistas: desde abajo, desde arriba, los bosques casi rodeando un fondo lleno de edificios y, desde los barrios altos, hasta del curso completo de la ría hacia el mar en los días buenos. Pero a más de un vecino se le puede estropear la foto. Hacérsele muy cuesta arriba. Por los metros de desnivel. Así que en Bilbao se tiene una gran experiencia en eso de inventar herramientas para hacer menos costosa la subida (y la bajada). Ahí está el funi, centenario ya. Y la red de transporte público. Y para llegar cuando los autobuses no pueden –y además gratis– los ascensores públicos, que son una institución en esta ciudad.

Hay muchos. La mayoría son muy modernos, pero hay otros con solera. De estos últimos un par están cerrados desde hace tiempo, aunque siguen siendo visibles y forman aún parte del paisaje. Utilizarlos todos –y disfrutar de las vistas en la mayoría– requiere proponerse una excursión en toda regla. Es que hay una larga lista a la que este otoño le han surgido, como setas por los bosques, un nuevo montón de miembros. Sobre el soterramiento de las vías en la unión de los barrios de Basurto y Rekalde están terminando no uno, sino dos ascensores; en Ollerías, las escaleras ya no serán lo mismo gracias a otro de estos mecanismos.

En el centro

Esta parte del camino es suave, no requiere apenas esfuerzo físico. En este tramo destaca, por supuesto, el ascensor que une la calle Esperanza con Begoña, una obra de patrimonio industrial de 1949 cuyo perfil sobrevuela el Casco Viejo. Cerró hace tiempo pero aun muestra el cartelillo que indica por qué se construyó. La razón no es otra que unos cuantos metros de desnivel entre el Casco Viejo y el barrio que tiene justo encima en este lado. 45, de hecho. Si se suben las escaleras de Mallona o se utiliza el ascensor de Metro Bilbao (de pago) se puede apreciar a la perfección la distancia. Y se tienen muy buenas vistas.
Otros menos atrevidos, pero igualmente útiles, están en la zona de Castaños. Allí, en la Plaza del funicular, uno sube al barrio de Matiko y conecta con la estación de Euskotren. Muy cerquita de éste, en la Plaza Moraza, hay otro elevador chiquito. Acercarse hasta allí permite ver algunos de los rincones más originales de la Villa, tanto los de diseño moderno como los antiguos (como el edificio pintado de amarillo de Matiko 3 y 5). Y volviendo al paseo junto a la ría, dejando pasar los ascensores gemelos del Puente de La Salve, al menos de momento, se llega al que hay en la Pasarela Pedro Arrupe, delante de la Universidad de Deusto.

La siguiente parada en la ruta está ya al otro lado, en el nuevo elevador que lleva del paseo de Abandoibarra a Mazarredo. Si al salir de la cabina se tuerce a la izquierda, se llega en un par de minutos a la altura de la Plaza de la Convivencia, que es el lugar al que baja este ingenio mecánico, y de ahí se enlaza con la pasarela Zubi Zuri.

Ahora sí merece la pena darse unas vueltas en los de La Salve. En la parte baja del puente, las taquillas y los carteles están como la última vez que se vendieron allí billetes. Con colilla tras el cristal incluida, como si fuera parte del atrezzo. Pero lo importante es que cualquiera de estos elevadores sitúa al paseante en una de las zonas altas de la ciudad sin sudar ni despeinarse, a no ser que haga mucho viento arriba.
Aquí, en la margen derecha de la ría, los ascensores son toda una necesidad. Puede que no se aprecie tanto en el primero, a la izquierda de la carretera –Mirador de Bilbao: conecta las calles Maurice Ravel y Etxezuri y toda esa nueva urbanización, y ofrece una panorámica alucinante de la ciudad–, pero sin duda sí en los siguientes a lo largo de Maurice Ravel y Zumalakarregi, a ambas orillas de la carretera.

Entre bosques

A medida que la ruta se aleja de La Salve, van apareciendo desde los dos que salvan las interminables escaleras de la calle Trauko, a la derecha –y por allí hay, de propina, un tramo de escaleras mecánicas en otra callecita–, hasta un poco más adelante el que sube de la calle Tutulu a la calle Bakio. La zona es muy tranquila y da fe de que la ciudad va trepando por las laderas, metiéndose en los bosques y camuflando barrios que, desde abajo, apenas son visibles.

Esto es más claro aún en Zurbaranbarri, lugar al que se accede por escaleras y cuestas y que no hace tanto estrenaba una graciosa cabina con forma de letra B, roja, como debe ser, para llegar hasta Arabella. El ascensor hace además una parada a medio camino. Desde la cabina se tienen unas bonitas vistas de… de todo, la verdad. Caminando, caminando, tras pasar Begoña y parte de Txurdinaga, un último ascensorcito espera junto al ambulatorio de Otxarkoaga. Entrar y salir. Y poner rumbo a Santutxu, cruzando el Parque Europa, para hacer como en las barracas: subir y bajar y subir y volver a bajar.

 

Recomendaciones
Salgamos del centro para reponer fuerzas. En Otxarkoaga (calle Pau Casals, 11) está el Rimaitor, que lleva ya cuatro décadas abierto. Café y pintxos cerca de un monumento en honor a Lenin y Marx, ahí es nada.

HOY PROYECCION DE CORTOS DE OTXARMETRAJE

A partir de las 19 horas, en el centro cívico 4 festival de cortometrajes “otxarmetraje”. En el podemos ver los ganadores de pasadas ediciones, y asimismo los participantes en la de esta edición.

La entrada es gratuita.

 

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